jueves, 20 de agosto de 2015

Jueves, 20 de agosto

Escribir una carta sin destino cierto. Tampoco sin tiempo: al margen del tiempo que dicen que me ha tocado, y al margen de la conciencia de tener que acabarla. Escribir una carta a alguien -¿existe? ¿existió? ¿existirá?- como quien avanza un poco más allá de los cocoteros. Al margen de que se derrumben las olas, las nubes, los latidos. Encontrarse bajo techo con una luz encendida mientras la carta se escribe. Los ojos no están en ella. Los ojos están en el destino que desconocen. Huérfana, repudiada mirada que volverá, con el rechazo, a iniciar una carta, una playa vacía, un tiempo sin ruido.

domingo, 16 de agosto de 2015

Domingo, 16 de agosto

Es de los días más desiertos del año. No ha habido ni crepúsculo. ¿A dónde se habrán ido los pájaros? Ni los árboles se balancean. Ni hay luces en las ventanas. No queda rastro de la plaga de chinches que -hará cosa de un mes- incordiaban a esta hora, y daban pena, muriendo ellas solas en el suelo.
Está la vida de los semáforos. Más allá de la aprensión inicial, me gusta esta soledad. La conozco. La he revivido hace poco cuando respondía por escrito a propósito de mi exposición en el TEA: los viajes en guagua de La Laguna a Santa Cruz, en cuya Escuela de Bellas Artes pasaba la tarde y, a veces, el principio de la noche.
Toda mi actividad social se limita a los Encantes y a San Antonio. Por cierto que he pasado el día restaurando libros y protegiendo láminas con papel de seda.
Cuando uno está entregado a esas tareas de bibliófilo y librero, piensa. Como cuando dibujo o como cuando trabajo los collages. Pienso, pero difícilmente lo que se piensa alcanza al papel, toma forma y consistencia.
También está bien así. Sé que en el fondo, como ha pasado tantas veces, en el fondo… las imágenes se van tiñendo con las ideas.

viernes, 7 de agosto de 2015

Viernes, 7 de agosto

Yeray me hablará otra vez del tiempo de las calmas, que antaño era en septiembre y él dice que llega en octubre, y yo creo que tampoco será para entonces, de lo cambiado que anda todo, aunque parezca que todo sigue igual, rebosando en paz y prosperidad.
No habrá nadie en la veranda, solo el viento, el mar racheado, y él mantendrá en perfecta horizontal la bandeja mientras, al hablarme, mira los roques del este, y yo observo, al escucharlo, la curvatura del horizonte. Y la uva de mar, más crecida, y más tostada por el sol y el salitre, me parecerá más sola que nunca bajo la inmensidad de ese cielo tan alto como he visto pocos.

No dejo de pedir más ignorancia. Más orillas de las que no tenga noticia. Que no cese nunca la víspera. Ni la emoción ni el entusiasmo. Que no falte nunca el arrojo.

Ignorancia (por cierto) la del mediano que anoche, en un archivo virtual al que llegué por aburrimiento, no tenía más remedio que nombrarme y señalar con error que mi primer libro de poemas es de 1982. No: primer libro de poemas, Jules Rock - 1973, se publicó en un agosto como este, solo que de 1975 y con aroma de resina derretida en la luz. Y si siempre he puesto Jules Rock - 1973, es porque son pequeños poemas escogidos de los escritos en 1973. Motivo por el cual ya no lo incluyo en mi poesía reunida, que empieza en 1975

Observación de las que se borran, quizás, cuando uno se dedique a la edición del volumen correspondiente de este diario.

sábado, 18 de julio de 2015

Sábado, 18 de julio

Hacia el final del día, dos judíos están sentados en la terraza, uno a cada extremo, con las tres o cuatro mesas que median entre ellos vacías.
El de más edad lleva sombrero panamá y una guayabera comprada en Moscú. De origen oriental, ha nacido en Bélgica, pero su vida se ha movido, huyendo desde niño de la bestia nazi, entre Suiza, París, Barcelona...
El que no cuenta con tantos años sabe que hoy es la fiesta de Aid Al Fitr, que celebra el término del Ramadán y la purificación que viene a continuación. El hombre mayor le comentó, una vez -en otra terraza del barrio-, que no era religioso, ni siquiera tradicionalista, esa clase de judíos que se limita a seguir el Pésaj y a cumplir con el Yom Kippur. El más joven tampoco obedece a ninguna fiesta, ni cívica ni religiosa ni patriótica.
Los meteorólogos han hablado de una tregua en las sucesivas oleadas de calor extremo que viene sufriendo la ciudad. Pero eso, en Barcelona, se limita a un poco de aire en movimiento y a la intensificación del bochorno.
El hombre con panamá y guayabera no pierde ocasión de invitarlo a su mesa. Así, aquella primera vez que accedió, supo de su judaísmo, de los bienes que quiere poner en venta, y de que es el padre de un antiguo alumno en Aula Escola Europea, hoy establecido como joyero en Montecarlo. Se lo comentó, le dio recuerdos; pero el hombre mayor jamás ha vuelto a mencionarlo, quizá porque su cabeza está llena de olvidos y de grandes vivencias, sin que se halle muy seguro de haber protagonizado ni una cosa ni la otra.
Ha visto, el antiguo profesor en un colegio de las élites políticas y sociales barcelonesas, cómo el hombre mayor han envejecido, mucho y en poco tiempo. Las camareras del establecimiento, de cuya terraza son asiduos, le han comentado su irritabilidad. Él no conocerá sus nombres -Amina, Lamia, Lubna…-, y que son jóvenes musulmanas de la zona de Tetuán muy críticas con el fundamentalismo islámico. O si lo sabe, apenas le importa: de un día para otro se ha convertido en un cascarrabias, en un solitario, en un egoísta que exige que atención para explayarse sobre sus pasados esplendores.
El judío más joven rechaza concurrir a su mesa, y le explica que observa los plátanos enfermos, los gorriones que limpian las migajas de lo que picotean las señoras vistosas, las nubes a las que les cuesta un gran esfuerzo significarse sobre un cielo tórrido.
Ambos tantean la muerte, en grado e intensidad diversos. El mayor morirá un día cualquiera, con su bastón, su panamá, su guayabera moscovita. El otro ha pedido un tiempo, que ahora empieza a antojársele prolongado, para pensar en sus capitulaciones; para tratar de poner  orden en sus ensayos de despedida, cada vez con menos ganas de hablar, y de escribir -en tanto duran los pensamientos, que no son más que eso: nubes de difícil transcripción a un lenguaje, árboles que crecen y luchan contra los hongos que minan su vigor-, prestando toda su atención a Amina, Lamia, Lubna... cuando, dejando aparcados a los clientes, se dedican a contarle pequeñas porciones de sus vidas.

viernes, 3 de julio de 2015

Viernes, 3 de julio

Escrito ayer:

Alguien me informa de que estamos en julio. Yo no le he solicitado la información, y en voz baja me digo: "Pero si aún estoy procesando febrero…". Sí, lo sé: como siga con esta lentitud, cuando llegue el Tiempo y diga basta ya con estos teatritos ambulantes, todavía estaré encaramado al níspero desde el que vislumbraba el mar al final del barranco. ¿Me quedaré congelado en esa imagen para siempre? ¿La atacará la carcoma de la eternidad, sus manchas de óxidos con vida?

Hoy me respondo:

Entonces, 3 de julio. El cielo reverbera con una soberbia blanca y rotunda. Voy a prescindir yo también de matices: las pocas raíces que me siguen, el pecho entregado al fuego, la memoria, ese hinojo de cuneta. Harto de la historia que dice que me ha vivido. Si fuera exactamente esa ola desconocida a la que otra sobrepasa entre las llamas y el rumor. Si pudiera ser, por entero, ciego de mi conciencia, casi por entero ignorancia y desconocimiento. Casi nada que asoma y desaparece.

martes, 23 de junio de 2015

MANUEL ALBERCA, A PROPÓSITO DE LA PRÓXIMA VEZ (2004-2007)


En el número 117, mayo-junio de 2015, de la revista Clarín, Manuel Alberca le dedica su atención a la última entrega de mis diarios. Mi agradecimiento.

Precisamente, por estos días, avanzo por su vida de Valle Inclán: La espada y la palabra, XXVII Premio Comillas (Tusquets).

viernes, 19 de junio de 2015

Viernes, 19 de junio

El
Enmudecimiento.
Así como en presencia de otros tiendo
Al enmudecimiento,
Aquí también dejo que los días me surquen como nubes
Con un destino
Que no me atañe.
Se aproxima el solsticio y las voces
Son cada vez más altas, en las amplias
Luces de las calles. Estallan
Petardos, las risas de las adolescentes se arraciman
En las esquinas.
Nadie diría que es cruel el invierno,
Que el mar nos espera, desnudo y con hambre
De olas. Los vencejos se alejan
De los aleros,
Los mismos contra los cuales rompían
En mayo, con la sed del entusiasmo.
Se baten
En retirada plácida
Hacia otro mundo.

jueves, 18 de junio de 2015

Jueves, 18 de junio

Por estas fechas yo ya estaría arrasado... ¿O eran por mayo los amores crueles? Ahora un avión se precipita sobre la luz que aún resguardan los álamos, y caen con la brisa las flores amarillas de las acacias. De repente la calle está llena de gente de paseo, las adolescentes con sus pantalones cortos, los agentes inmobiliarios con sus trajes oscuros, los pájaros con sus cosas entre las copas de los plátanos, y ya los vencejos gritan menos, se alejan más de la tierra -como uno.

lunes, 1 de junio de 2015

SOBRE LOS DIARIOS: ANNA CABALLÉ, JOSÉ LUIS MELERO, Y AVELINO FIERRO

Tan poca teoría emite uno sobre lo que es un diario (¿o no recoge cada diario la razón de su naturaleza?), que no deja de sorprenderme -gratamente, como dicen los diaristas de las veladas sin problemas-, el último libro de Anna Caballé, Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos 2015 y recién editado por la Fundación José Manuel Lara: Pasé la mañana escribiendo. Poéticas del diarismo español.


En vísperas de su estancia docente en una universidad americana, quedamos para hablar, entre otras cosas, de su estudio, todavía inédito. No he mencionado aquí el encuentro. Ni he comentado sus gustos y preferencias -que exaltarían a más de uno. Ni me he referido a sus observaciones sobre Los que cruzan el mar y La próxima vez, las diferencias y las constantes. Por todo ello, mi agradecimiento.

Recordé los libros, que siempre tengo a mano, del generoso y exhaustivo José Luis Melero. Como a fin de cuentas paso de las gratas sorpresas a las nubes y los adioses que desprenden los álamos, me había olvidado de la atención que me presta en su Manual de uso del lector de diarios. Una selección bibliográfica (Olifante, Zaragoza, 2013).



A ver si voy a incurrir en la ingratitud después de pasarme media vida dando las gracias y pidiendo perdón.
Por cierto: continuó releyendo los magníficos diarios de Avelino Fierro, Una habitación en Europa (Eolas, León, 2014), una maravilla que me llegó con un dibujo de su propia mano, como los que ilustran un libro como el suyo que siento tan próximo.

martes, 19 de mayo de 2015

Martes, 19 de mayo

No hablemos de editores… No hablemos de lectores (¿qué lectores?). Miremos hacia esa inmensa soledad en la que van quedando nuestros libros. Pocos frutos del hombre son destinados a una indiferencia semejante; a un apartamiento tan nítido como el de la nube que destaca en medio de la tormenta, y en ella se confunde, antes de que la tormenta termine borrándose.

viernes, 15 de mayo de 2015

Viernes, 15 de mayo

Resulta conmovedor observar cómo el mundo, sobre el horror que propicia, despliega la más tranquilizante armonía. Por eso quizás añoramos las mañanas de entusiasmo furioso de la infancia, las tardes más amplias de entonces, la noche que se tendía y el horizonte que la apoyaba y latía acompasado con el latido de las estrellas. Qué ignorancia la nuestra más hermosa. Qué frágil membrana nos mantenía apartados de las llamas de vidrio. Sonrosados y henchidos de aromas de huerta salvaje jamás escuchamos el rescoldo de las sirenas, sus gritos lejanos cuajados de rojo. El centelleo de las estrellas era como el brillo de inocencia renovada de nuestros ojos y nunca jamás el eco de lo que el desgarramiento cegaba y silenciaba.

martes, 5 de mayo de 2015

Martes, 5 de mayo

Ayer fue media hora de sirenas del crucero mayor del mundo. Hacía tiempo que no las escuchaba tan próximas; hoy me he enterado que la niebla se cernía sobre el puerto de Barcelona, y encuentro una explicación.
Ahora pasa con lentitud unos de esos aviones gigantes que a veces diviso,  con la proa ligeramente alzada sobre el Monte Judío, camino de la pista de aterrizaje. Yo le pregunto a mis gorriones, a los vencejos, a las grandes gaviotas que han venido a merodear esta mañana en torno a la plaza.
"También nosotros tenemos para todos los gustos", me dice un gorrión desayunando. "Desde el ruiseñor que juega al escondite hasta las pandillas de estorninos…".
Me pongo poético:
"¿Y el sol? ¿Acaso no es uno… ?".
Desdeñoso, ha dejado caer un fisquito de galleta y me ha replicado: "¿Acaso ignoras que nuestros latidos existen entre multitud de soles?".