martes, 23 de junio de 2015

MANUEL ALBERCA, A PROPÓSITO DE LA PRÓXIMA VEZ (2004-2007)


En el número 117, mayo-junio de 2015, de la revista Clarín, Manuel Alberca le dedica su atención a la última entrega de mis diarios. Mi agradecimiento.

Precisamente, por estos días, avanzo por su vida de Valle Inclán: La espada y la palabra, XXVII Premio Comillas (Tusquets).

viernes, 19 de junio de 2015

Viernes, 19 de junio

El
Enmudecimiento.
Así como en presencia de otros tiendo
Al enmudecimiento,
Aquí también dejo que los días me surquen como nubes
Con un destino
Que no me atañe.
Se aproxima el solsticio y las voces
Son cada vez más altas, en las amplias
Luces de las calles. Estallan
Petardos, las risas de las adolescentes se arraciman
En las esquinas.
Nadie diría que es cruel el invierno,
Que el mar nos espera, desnudo y con hambre
De olas. Los vencejos se alejan
De los aleros,
Los mismos contra los cuales rompían
En mayo, con la sed del entusiasmo.
Se baten
En retirada plácida
Hacia otro mundo.

jueves, 18 de junio de 2015

Jueves, 18 de junio

Por estas fechas yo ya estaría arrasado... ¿O eran por mayo los amores crueles? Ahora un avión se precipita sobre la luz que aún resguardan los álamos, y caen con la brisa las flores amarillas de las acacias. De repente la calle está llena de gente de paseo, las adolescentes con sus pantalones cortos, los agentes inmobiliarios con sus trajes oscuros, los pájaros con sus cosas entre las copas de los plátanos, y ya los vencejos gritan menos, se alejan más de la tierra -como uno.

lunes, 1 de junio de 2015

SOBRE LOS DIARIOS: ANNA CABALLÉ, JOSÉ LUIS MELERO, Y AVELINO FIERRO

Tan poca teoría emite uno sobre lo que es un diario (¿o no recoge cada diario la razón de su naturaleza?), que no deja de sorprenderme -gratamente, como dicen los diaristas de las veladas sin problemas-, el último libro de Anna Caballé, Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos 2015 y recién editado por la Fundación José Manuel Lara: Pasé la mañana escribiendo. Poéticas del diarismo español.


En vísperas de su estancia docente en una universidad americana, quedamos para hablar, entre otras cosas, de su estudio, todavía inédito. No he mencionado aquí el encuentro. Ni he comentado sus gustos y preferencias -que exaltarían a más de uno. Ni me he referido a sus observaciones sobre Los que cruzan el mar y La próxima vez, las diferencias y las constantes. Por todo ello, mi agradecimiento.

Recordé los libros, que siempre tengo a mano, del generoso y exhaustivo José Luis Melero. Como a fin de cuentas paso de las gratas sorpresas a las nubes y los adioses que desprenden los álamos, me había olvidado de la atención que me presta en su Manual de uso del lector de diarios. Una selección bibliográfica (Olifante, Zaragoza, 2013).



A ver si voy a incurrir en la ingratitud después de pasarme media vida dando las gracias y pidiendo perdón.
Por cierto: continuó releyendo los magníficos diarios de Avelino Fierro, Una habitación en Europa (Eolas, León, 2014), una maravilla que me llegó con un dibujo de su propia mano, como los que ilustran un libro como el suyo que siento tan próximo.

martes, 19 de mayo de 2015

Martes, 19 de mayo

No hablemos de editores… No hablemos de lectores (¿qué lectores?). Miremos hacia esa inmensa soledad en la que van quedando nuestros libros. Pocos frutos del hombre son destinados a una indiferencia semejante; a un apartamiento tan nítido como el de la nube que destaca en medio de la tormenta, y en ella se confunde, antes de que la tormenta termine borrándose.

viernes, 15 de mayo de 2015

Viernes, 15 de mayo

Resulta conmovedor observar cómo el mundo, sobre el horror que propicia, despliega la más tranquilizante armonía. Por eso quizás añoramos las mañanas de entusiasmo furioso de la infancia, las tardes más amplias de entonces, la noche que se tendía y el horizonte que la apoyaba y latía acompasado con el latido de las estrellas. Qué ignorancia la nuestra más hermosa. Qué frágil membrana nos mantenía apartados de las llamas de vidrio. Sonrosados y henchidos de aromas de huerta salvaje jamás escuchamos el rescoldo de las sirenas, sus gritos lejanos cuajados de rojo. El centelleo de las estrellas era como el brillo de inocencia renovada de nuestros ojos y nunca jamás el eco de lo que el desgarramiento cegaba y silenciaba.

martes, 5 de mayo de 2015

Martes, 5 de mayo

Ayer fue media hora de sirenas del crucero mayor del mundo. Hacía tiempo que no las escuchaba tan próximas; hoy me he enterado que la niebla se cernía sobre el puerto de Barcelona, y encuentro una explicación.
Ahora pasa con lentitud unos de esos aviones gigantes que a veces diviso,  con la proa ligeramente alzada sobre el Monte Judío, camino de la pista de aterrizaje. Yo le pregunto a mis gorriones, a los vencejos, a las grandes gaviotas que han venido a merodear esta mañana en torno a la plaza.
"También nosotros tenemos para todos los gustos", me dice un gorrión desayunando. "Desde el ruiseñor que juega al escondite hasta las pandillas de estorninos…".
Me pongo poético:
"¿Y el sol? ¿Acaso no es uno… ?".
Desdeñoso, ha dejado caer un fisquito de galleta y me ha replicado: "¿Acaso ignoras que nuestros latidos existen entre multitud de soles?".

sábado, 2 de mayo de 2015

Domingo, 2 de mayo

*
Casi veinte años después sigo soñando con lo que pasó -en el sentido de que ya transcurrió, aunque continúe sin saber por qué las cosas se despeñaron como lo hicieron.  Y revivirlo envuelto en pesadilla, no ayuda a conocer por qué mi vida se deshizo, hecha añicos bajó a los infiernos, que es la sensación que, con renovada fiereza, hace que abra los ojos, el pavor enredado en mi cuerpo, tan laxos los músculos que apenas puedo apartarme de la maraña, y respirar con la boca dirigida al sol verdadero.

*
Me pregunto si los gorriones, esos mismos que se lustran el pico en la ventana, a los que sorprendidos de encontrarme al otro lado del vidrio se les caen los materiales que acarrean para el mantenimiento de sus nidos, si esos gorriones alborotadores son conscientes de que viven al borde. O mejor, entre dos vorágines cósmicas, en la tregua entre dos explosiones.

*
¿Misantropía? Quizá no haya otra palabra. Pero diría que mi sentimiento es indolente con respecto a cualquier término que tenga que ver con el ser humano… 
Y, sin embargo, puedo ser el más bondadoso. Quien más escuche.

*
Nada se destruye. Todo se transforma. El horror de intuir las caras de las metamorfosis. Al gorrión la brisa le levanta la pelusilla del cuello. Mira y remira y ya está saltando como un pez a la luz.

lunes, 20 de abril de 2015

Lunes, 20 de abril

Los viejos recortes de prensa que tiro a la basura, apenas les echo una ojeada. La rusa de la inmobiliaria, que no para de salir a la acera para hablar por el móvil, moviéndose de un lado para otro con pasitos de porcelana, mientras los ajustados vaqueros esconden sus tacones elevados; todo en ella escondite: el flequillo y la desconocida frente, el jersey de cuello alto y los pechos voluminosos. El gorrión que me pide el desayuno cada mañana desde la barandilla del ventanal. La rutina. Los atardeceres callados. Los pitidos todavía tímidos de los vencejos. La escritura como una forma, lateral o involuntaria, de hacer balanza con la memoria, y la fulmina, el acto de escribir fulmina la memoria. Mis amigas marroquíes (dos del norte y una del borde del desierto, con la piel lamida por el sol). Los brotes en los troncos de ciertos árboles, como si fuera tal su prisa que no aguardan para llegar a la copa. Y la decadencia templada. Las alegrías que quedan. La playa inaccesible, escondida detrás de una barranquera que desciende de las cumbres con aguiluchos y cernícalos, en Los Asules. El olor de las artemisas cuando el aire es de oro. Polvo rojizo y tacto de líquenes amarillentos. Cómo nos vamos con tanta indiferencia.

martes, 14 de abril de 2015

Martes, 14 de abril

Ha chillado la primera pareja antes de que la viera, y ya había desaparecido. Y volvieron, rondaron: son los vencejos. Y se me ha ocurrido pensar en los gorriones del tejado, a los que tanto cariño les he tomado esta temporada. ¿Los meto en casa? ¿Los acuno y los alimento lejos de los sanguinarios silbidos de los vencejos?
Qué pensará de todo ello Coetzee. Terminé Hombre lento, hipnotizado y maldiciendo sus trucos, y he empezado con lo primero suyo que encontré a mano: Juventud.
Todo muy apropiado: juventud, los apocados gorriones, la sangre.
Vendrán otra vez las amapolas, y otra y otra, y se derramarán en ellas mis ojos -como si hubieran alcanzado el misterio del universo.



Me ocurre como cuando me asomo al mar, después de algún tiempo, y le pregunto: "Mar, ¿eres el mismo?" Ahora se lo digo a la noche, pues los vencejos, después de este desgarbado e impetuoso ensayo general, se han ido a dormir a los hilos tendidos: "Noche, que yo sé que eres la misma, ¿son los vencejos los mismos del año pasado?" "¿Y tú quién eres -me responde sin que la oiga-, desconocido en tu recurrente identidad? ¿El que sangraba de niño por la nariz cuando llegaba la primavera? ¿El que pasaba en mi regazo la secuencia de la asfixia y el horror? ¿Son tus ojos aquellos que paseaban por el jardín, cada vez más amplio conforme se dilataba la luz de los días?".

lunes, 6 de abril de 2015

Lunes, 6 de abril

Al final de la tarde he divisado los primeros vencejos. Hacía frío en la calle y ellos parecían guarecerse entre los celajes, en lo más alto, lo más lejos de la tierra, envolviéndose en aquellos vapores sin color definido.
En la estación de Sants, ya las nubes blancas contra el azul de la noche, apenas salía más pasaje que el habitual.
Ya no se observan las grandes avenidas de los que regresan a la ciudad.
Los días pasan y lo que escribo en mis libretas continúa en ellas.
Llamada al mediodía de A. para establecer el calendario de mi exposición de septiembre. Hasta que no lo vea por escrito… Pero parece que va en serio. Al menos todo el entusiasmo y el coraje que ha puesto sobre la mesa para que se haga realidad.
Así que ya pienso en la estancia en Los Asules. Y en el solsticio de verano que por primera vez celebraremos en Estocolmo.

sábado, 4 de abril de 2015

Luis Bagué Quílez: Cuaderno del desarraigo

Cuaderno del desarraigo

Diez años después de Los que cruzan el marJosé Carlos Cataño publica la segunda entrega de su diario, que va de 2004 a 2007. Frente a los diarios omnívoros, que se alimentan de materiales de acarreo, y frente a los diarios de artista, que consignan una apretada autobiografía literaria, La próxima vez se reivindica como uno escrito a corazón abierto. La alteridad y el desarraigo constituyen el trasfondo sobre el que se troquela la primera persona. Nacido en La Laguna, pero instalado en Barcelona desde mediados de los setenta, Cataño [...] afirma manejarse con mayor desenvoltura en la evocación de lo vivido que en la transcripción de las vivencias inmediatas. Sin embargo, tan importantes son aquí los flases que agitan la memoria como las secuencias que diagnostican los males del siglo XXI. Así, si en la política predominan “la corrupción” y “el nepotismo”, la cultura se ha reducido a “las modas y el culto a la imagen”. Más apocalíptico que integrado, Cataño lanza también sus dardos contra la actualidad editorial, aunque su insistente desdén hacia las bagatelas del éxito no siempre acierte a disimular un gesto de coquetería intelectual. Con todo, la principal conquista del libro radica en la plasticidad de una prosa que esconde una poderosa corriente lírica: “Sobre un cielo de aguamarinas, nubes con el dorso de ceniza”. Sin abdicar del sentido agónico de la existencia, en La próxima vez se ausculta un vitalismo hondo y crepuscular: “Este latido, a pesar de todo, de la vida”.

Álvaro Valverde: Los diarios de Cataño

Los diarios de Cataño

La próxima vez, de José Carlos Cataño (La Laguna, 1954), reúne los diarios del escritor canario desde 2004 hasta 2007. Esta entrega sucede a Los que cruzan el mar (Pre-Textos), título horaciano donde agrupó sus anotaciones (aunque un diario es más que un conjunto de notas, como él mismo precisa) entre 1974 y 2004, y se anticipa a dos nuevas, que publicará, como ésta, Renacimiento en la Serie Minor de Biblioteca de la MemoriaLa vida figurada (2000-2009) y El porvenir del horizonte (20010-2013).
He leído, con creciente interés, estas páginas que nos da pistas sobre la vida y el pensamiento de uno de los poetas más secretos de nuestro panorama. Reside en Barcelona, como extranjero y sin patria (a esta circunstancia, fruto de una elección personal, dedica no pocas líneas), desde 1977, pero, como podemos comprobar, sus viajes a las Islas en estos años son constantes. Y allí, las personas (amigos y no pocos poetas, como Manuel González Sosa o los hermanos Padorno) y el paisaje, marítimo por naturaleza. Como buena parte de los diaristas, es bloguero; ahora, aquí.
Por lo demás, encontramos las reflexiones de un hombre que vislumbramos triste y melancólico ("Soy un misántropo aficionado"), huidizo y solitario, judío por más señas, cosmopolita, que envejece (¿no es ése el tema de la poesía?, se pregunta), ajeno, en tanto que escritor, al mundo literario (que detesta y donde, según él, los más le detestan y parecen empeñados en borrarle del mapa y silenciarle), que va por libre (a costa de lo dicho), marcado por la temprana muerte de su madre, especialista en las relaciones entre la literatura y el psicoanálisis, bibliófilo sin remedio (aunque los libros "te atan a las casas"), por eso habitual de los Encantes, huésped de numerosos hoteles, viajero a Suecia (en verano), Guatemala y El Salvador (y a Murcia y a Madrid), además de a Canarias, ya se dijo, paseante y contemplativo, "playista" al que le gusta perderse por calas y playas, ya sean catalanas o de sus natales Islas, ácido en sus comentarios sobre sí y los otros, contradictorio y desengañado, pero feliz en algunos momentos (por ciertas lecturas, algunas conversaciones, las tardes en casa, las cenas con amigas y amigos...), padre de su hija V., de la que se siente orgulloso, marido o compañero (no sé) de C. (lo que no le impide apreciar la belleza de otras mujeres), ajeno a los nacionalismos, pero de Barcelona ("Te dices, esta es tu ciudad"), lector de autores poco frecuentados, de los que, como él, se orillan y transitan por los márgenes, de los que se apartan, alguien, en fin, que conoce bien la poesía y que sobre ella escribe ideas llenas de sentido.
"Uno escribe porque no hay otro remedio; si no, calla", dice al principio, y se ve que es verdad. "Nada pidas. Nada esperes", podría ser su lema. "Asómbrate en lo idéntico", podría ser otro. El posible lector de estos diarios, que son mucho más de lo que señalo, no debería perderse la entrada del día 16 de mayo de 2007 (pág. 142 y ss.), paradigma de su forma de proceder y texto iluminador donde los haya: "Escribimos: vivimos".