sábado, 30 de abril de 2016

Sábado, 30 de abril

Madrid: acacias y vencejos.
Y una lectura dentro de programa La Noche de los Libros, por gentileza de Juan Carlos Suñén.
Cuántos recuerdos de cuando entonces..., la amistad, la hospitalidad de un amigo común: Carlos Álvarez-Ude; las poetisas con furores místicos...
La penúltima vez que coincidí con J. C. S. fue precisamente en el mingitorio del Círculo de Bellas Artes, durante  el homenaje que se le ofreció al amigo querido.

lunes, 11 de abril de 2016

Lunes, 11 de abril

Al menos consignemos que he escuchado el primer silbido de un vencejo. Que lo he divisado, todavía a lo lejos, sobre el azul del cielo, ese azul que te hace pensar en Kok Tengri, la suprema divinidad de los hijos del Lobo y la Cierva, los mongoles.
Si el párrafo anterior supura eruditismo, manténgase solo lo del azul del cielo y el ala silibante del vencejo.
Podríamos añadir que con eso no hace falta nada más. El color vuelve a las fachadas y a las flores, y se huele a tierra y hojas verdes.
Consuela que mientras nos vamos consumiendo, el mar sigue apareciendo por encima de toda apariencia.

lunes, 14 de marzo de 2016

Lunes, 14 de marzo

Me perdí. Me adentré en el mar sin saberlo, por más que lo hubiera hecho antes. 
No lo sé bien, ya que en ocasiones vislumbro mares de sargazos, atlántidas imprevistas, fragmentos de la isla de San Brandano.
Como sucede con tantas cosas con las que coqueteas, un buen día te sientes al otro lado del objeto de tu ansia -si la hubiera aún-, pero ese sentir no aumenta tu conocimiento de que, efectivamente, te encuentras al otro lado.
Miro a mi alrededor, y es como decir que miro a los fragmentos de una conciencia que flota por milagro.

sábado, 20 de febrero de 2016

Sábado, 20 de febrero

Y es tanto el vacío, que te infliges dolor para sentirte con vida. Y entonces ya no es dolor: son las heridas, que hablan por ti, palabras de sangre. Porque tú estás cada vez más mudo, más vacío hacia dentro, más vaciado por dentro, mientras el mundo rebosa de forma intolerable para tu conciencia de estar vivo y, sin embargo, muerto, mudo, contemplando la opresión del mundo rebosante contra tus tabiques vacíos.

martes, 16 de febrero de 2016

Martes, 16 de febrero

A los de nuestra raza  nos envuelve una sombra tan desmesurada como imperceptible.
No se trata solo de la medrosía -la única pasión de Hobbes-. Son nuestros crímenes, aun los que nunca cometimos, los que trazan por delante las oscuridades.
Empiezan a asomarse al ventanal los gorriones.

jueves, 28 de enero de 2016

Jueves, 28 de enero

Yo quería hoy hablar, por fin, de Las Palmas de Gran Canaria. De los barcos al alcance. De las nubes que atraviesan La Isleta. Del calor humano. De la exposición. De los días que después transcurrieron en Madrid. De las salas en la Academia de San Fernando y de las casas de comidas por Argüelles. De las recuperaciones felices, como en Gran Canaria.
Pero hoy vengo de despedirme del amigo Carles Hac Mor, de su tierna figura bajo el vidrio con aspecto de Ho Chi Minh, o de elfo en el país de Nunca Jamás, el que recorre mi memoria cuando quiere, arriba y abajo, a un lado y a otro. Noches en un breve jardín de grava en su casa de Sant Gervasi, al principio de todo, cuando uno de mis poemas tuvo el honor de ser traducido al catalán por Vicenç Altaió en una de las revistas experimentalistas, y efímeras, que alentaba Carles. De su humanidad entrañable y sarcástica, de pocasolta.
De regreso a casa vine caminando con Joaquín Pibernat, tantos años ya de amistad. Tantos pasajes compartidos, como con Vicenç. Apenas hablé de ellos en Los que cruzan el mar, y las pocas veces que traté de hacerlo el dolor me impidió mostrarles el cariño, a pesar de todo, a pesar de estar cada uno donde está.
En los cielos de un cuento dadá mora Carles Hac Mor, aferrado a la mano de la dulce Esther Xargay, en cuyo jardín de la casa de Sant Feliu de Guíxols comenzó a transformarse en colores, un Mao de la recia Guardia Roja de entonces, un Hồ Chí Minh con jersey rojo y las guedejas y las barbas blancas arañando el vidrio azucarado del ataúd.

jueves, 7 de enero de 2016

Jueves, 7 de enero

Las hojas pasan por delante de un sol muy pálido, que sin embargo mantiene su latido y consigue destellar entre los cirros.
El viento no ha dejado de desvahar los árboles plataneros, y, sin embargo, la aglomeración de hojas color bronce permanece en los alcorques, y los desbordan.
La Peripatética se ha cortado el cabello. El cabello es una cursilada, pero me evita escribir pelo, que se queda tan nimio como seno con relación a pecho. Y sin embargo, con su pelo corto se distinguió entre las muchedumbres navideñas, el abrigo marrón de siempre, los mismos ojos curiosos y asustados de siempre.

viernes, 1 de enero de 2016

Viernes, 1 de enero de 2016

Dejemos para el baile al esqueleto. Preservemos para la carne las angustias, los temblores, la ansiedad, los cielos cerrados.